Este lienzo monumental inacabado de Jean-Baptiste van Loo representa un pasaje de la Vida de Augusto, narrada a principios del siglo II por Suetonio.
El autor romano recuerda los pueblos extranjeros sometidos por el emperador. «Sabio» y «moderado» en opinión de Suetonio, Augusto obligó a los reyes denominados «bárbaros» a jurarle lealtad ante el templo de Marte, dios al que evoca a la izquierda de la composición, mediante una escultura con su efigie.
El emperador tomó como rehenes a las esposas de sus enemigos, sin castigar sin embargo a los que se rebelan contra su decisión. Van Loo nos brinda una obra fiel al texto histórico, en un estilo perfectamente clásico sujeto a las reglas dictadas por la Real Academia de Pintura y Escultura, de la que era miembro. Su composición, de una gran claridad, subraya el equilibrio de poderes entre el emperador en su trono y los príncipes inclinados ante él, a la vez que excluye de las negociaciones a sus esposas amenazadas.
La inscripción de la parte inferior de la obra indica que el Tribunal de Cuentas de Provenza encargó el cuadro a este pintor, natural de Aix-en-Provence. Los consejeros querían denunciar la política del ministro André Hercule de Fleury, y al mismo tiempo alabar la benevolencia del rey Luis XV, comparándolo con Augusto, al que la Historia reconoce como un césar indulgente.