Para inmortalizar su posición social como director de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, John Hunter recurrió al retratista más codiciado de la aristocracia inglesa del siglo XVIII, el joven prodigio Thomas Lawrence.
La obra presenta a John Hunter de pie ataviado de una manera rica y elegante. Sostiene un bastón y un sombrero de fieltro, y le acompaña su fiel perra. Como un auténtico gentleman, el modelo posa en su lujosa propiedad de More Hall, ubicada en Hertfordshire, al norte de Londres. El pintor sublima la finca, al fondo del cuadro, gracias a un haz de luz que atraviesa las nubes del cielo tormentoso, e ilumina el lugar con una encantadora bruma. Este importante encargo se le encomienda a Lawrence en 1789 cuando solamente tenía veinte años, y vaticina su éxito artístico como joven autodidacta.
El pintor logró la consagración en 1820 al suceder a Benjamin West como presidente de la Royal Academy of Arts de Londres, cargo que ocupó hasta su muerte.
Solicitado tanto por la burguesía como por la monarquía, el brillante Lawrence renovó el arte del retrato británico, al impregnarlo de un aire más romántico.