Esta obra, cuyo autor es William Adolphe Bouguereau, presenta dos criaturas, como mínimo extrañas. Ambas proceden del tíaso, el séquito del dios del vino Baco, que está formado por animales, faunos y sátiros, pero también por criaturas híbridas y por bacantes.
La bacante, también denominada ménade, es una mujer poseída por el espíritu del dios de la embriaguez que baila para celebrar su culto. Aunque vinculada a la sensualidad y a los placeres de la carne, también presenta un lado oscuro, dado que durante sus trances, se desencadena en ella un frenesí asesino.
Observe, sin embargo, que este tema mitológico aquí solamente es un pretexto para representar un cuerpo femenino desnudo y lascivo. Con un fondo de paisaje vegetal, una corona de hojas de viña indica la pertenencia de la joven al séquito de Baco. El pintor también ha representado su atributo, el tirso, una vara rematada por una piña en la punta. El vocabulario dionisiaco está muy presente en la iconografía de Bouguereau, lo que quizás se explica por el oficio de su padre, que era comerciante de vinos de Burdeos. Ya en vida, el pintor cosechó mucho éxito en los Estados Unidos, y todavía hoy en día se conservan muchas obras suyas en los museos estadounidenses.