Tras iniciar una brillante carrera en París, el artista judío Ossip Zadkine se vio obligado a refugiarse en Nueva York durante la Ocupación. A lo largo de ese período, realizó, a partir de una fotografía, el busto de François Mauriac. En una carta fechada en 1949, Zadkine explica al escritor su enfoque: «¿Me creería si le dijera que modelar su busto [...] fue para mí una forma de intentar combatir la nostalgia? Mientras estuve en los Estados Unidos, relegado y desarraigado, me aferraba a mis mejores recuerdos y a los que admiro».
A través de su transcripción cubista, el artista consigue restaurar la presencia física e intelectual del escritor. Con la iniciativa de doblar las manos, evoca con sutileza la personalidad introvertida y refinada de Mauriac. Velando por la composición, organiza los volúmenes, creando una multiplicidad de puntos de vista, sin obstaculizar la comprensión del espectador.
Zadkine le propuso al escritor regalarle el yeso original de la obra. Podrá admirar otra versión de esta efigie, esta vez en bronce, en los Jardines Públicos de Burdeos.