Realizado en 1855 por Camille Corot, este cuadro escenifica un pasaje de Las Metamorfosis de Ovidio, en el que Acteón sorprende a Diana mientras se baña con sus compañeras. Furiosa, la diosa lo transforma en ciervo. Él huye, y muere devorado por sus propios perros.
El paisaje ocupa un lugar preponderante en este lienzo, tanto que Diana no está claramente identificada. Hacen referencia a la diosa únicamente algunos elementos, como la luna creciente, que es su atributo simbólico, disimulada entre las ramas, por encima del grupo de las tres jóvenes que están jugando en el agua, así como la presencia de dos galgos.
Esta obra emblemática del maestro del paisaje se distingue de las de sus contemporáneos, que dan prioridad al trabajo en el taller, en la más pura tradición del paisaje histórico. Inspirándose en la campiña de la región parisina, desde el bosque de Fontainebleau hasta los estanques del municipio de Ville d´Avray, Corot intenta aproximarse al máximo a la naturaleza para trabajar el motivo. Al haber arrastrado a toda una generación de jóvenes artistas tras su estela, en la actualidad se le considera el precursor de los pintores de Barbizon y de los impresionistas, por su pincelada dividida que podrá usted apreciar sobre todo en el agua del primer término.
Defensor del paisaje como género principal en la jerarquía de las artes, Corot vela por destilar en sus obras una dimensión poética, como demuestra su gusto por el efecto «esfumado», que difumina los contornos de las figuras en colores suaves y degradados.