Con estos dos paisajes marítimos, hemos entrado de lleno en el movimiento romántico. Espectaculares y dramáticos, estos dos lienzos relatan acontecimientos que ocurrieron realmente en el XIX, un siglo apasionado por los sucesos. En el primero, pintado por Eugène Isabey, podrá contemplar los efectos lumínicos producidos por un incendio en el mar que destruyó el Austria, un barco de vapor. Los pasajeros intentaron abandonar la nave en botes de remos sobrecargados, que se estrellaron contra los laterales del barco. El final fue trágico, ya que, de 500 pasajeros, perecieron 443. El segundo cuadro, obra de Théodore Gudin, primer pintor oficial de la Marina Real francesa, representa una hazaña: durante una tormenta, el capitán Desse, que había salido de Burdeos a bordo del bergantín Julia, se topó con un buque holandés en peligro, el Columbus. Durante cinco días, estuvo salvando a toda la tripulación.
Los románticos, seducidos por el carácter dramático de estas escenas, y también por la exaltación de la figura del héroe, regresaron a menudo sobre los naufragios y las tempestades, motivos apreciados por los pintores holandeses e italianos del siglo XVII.