El artista neoclásico François-André Vincent ocupa un lugar crucial en la Pintura francesa.
Alumno de Joseph-Marie Vien, al igual que Pierre Lacour y Taillasson, este contemporáneo y rival de Jacques-Louis David expuso este cuadro con el título Agricultura en el Salón de París de 1798.
Con este sobrio título, Vincent pone en escena al cliente de la obra, François-Bernard Boyer-Fonfrède. Procedente de una familia bordelesa de adinerados comerciantes, aparece en el cuadro acompañado por su esposa y su hijita, que asisten a una lección de labranza que está recibiendo su hijo.
Como podrá observar, el pintor utiliza una paleta de colores fría, y busca la perfección para satisfacer a su mecenas. Para ello, se inspira en la escultura antigua, y representa la lección de agricultura en las tierras occitanas de su cliente, con los Pirineos de fondo.
El tema de la composición y la descripción que ofrece se basan en las teorías de los pensadores fisiocráticos que, ateniéndose a las recomendaciones de los ilustrados, hacían apología del trabajo de la tierra. De hecho, en su tratado Emilio, o De la educación, publicado en 1762, Jean-Jacques Rousseau, explica que la agricultura, considerada como «el primer oficio del hombre», es un buen medio para alcanzar la virtud. Así pues, para François-Bernard Boyer-Fonfrède, la educación de su hijo quedaría «imperfecta sin estos conocimientos».