Este lienzo, titulado Los Herederos, fue el único que Eugène Buland envió al Salón de París de 1887. Ilustra la predilección del artista por los temas inspirados en el día a día de la vida rural.
En esta obra, se concentra en el estudio del comportamiento provinciano, describiendo la vida apacible, el silencio y la impresión de tiempo detenido, en la línea de los hermanos Le Nain en el siglo XVII. A la manera de Maupassant, Buland relata historias breves, noticias. La escena aquí representada impacta al espectador por su extraña ambigüedad. En el ajustado encuadre de un sofocante interior familiar, unos personajes impasibles, recluidos en sus propios pensamientos, esperan la lectura de un testamento. La escena está estructurada mediante una implacable organización de los planos, que encierran a los modelos en una trama ortogonal. El color rojo, que contrasta con los colores oscuros y austeros, orienta nuestra interpretación del cuadro, al esforzarse en destacar la caja fuerte abierta, los lacres, la banderola oficial y, por último, el testamento, objeto de todas las expectativas.
Liberándose de lo aprendido de su maestro Alexandre Cabanel, Buland se dejó influir por el naturalismo. Dar prioridad a los detalles y a un dibujo inspirado por la precisión fotográfica, le convierte en un artista singular e hiperrealista adelantado a su tiempo.