Rolla, el título de este cuadro de Henri Gervex, se refiere al poema del mismo nombre que Alfred de Musset compuso en 1833. Fiel a la dramaturgia romántica de su autor favorito, Gervex representó el momento trágico culminante del relato: Rolla, un burgués ocioso, el mayor libertino de París, se ha arruinado y contempla por última vez a su cortesana dormida, antes de ingerir un veneno mortal para evitar el deshonor. El cuadro representa este preciso momento del poema:
Rolla miraba con ojos melancólicos
a la bella Marion durmiendo en el gran lecho.
Ignoro qué, pero algo horrible y casi diabólico
le hizo temblar a su pesar hasta los huesos.
Marion era cara. Para pagarle la noche,
había gastado todo lo que le quedaba.
Aunque el cuadro se consideró indecente, no fue por la desnudez de la modelo, conforme con los cánones académicos de la época, sino por la ropa amontonada en primer término: unas enaguas, unas ligas y un corsé desabrochado a toda prisa mezclados con el bastón fálico y el sombrero de copa del amante.
Rechazado por el jurado del Salón de París de 1878, el Rolla de Gervex se expuso a la curiosidad de los parisinos en el escaparate de un marchante de arte de la rue de la Chaussée d'Antin. El público se apiñaba allí para respirar el mismo aroma de escándalo que había acompañado un año antes a la subversiva Nana de Manet.