Está usted contemplando un óleo sobre lienzo de Auguste Herbin.
En 1945, el pintor creó un «alfabeto plástico» para componer sus obras, basado en la elección de figuras sencillas (cuadrado, rectángulo, triángulo, círculo y semicírculo) y colores primarios y complementarios a los que se suman el blanco y el negro.
A estos elementos, el artista les asigna letras y notas musicales. Las letras de la palabra del título elegida para este lienzo determinan lo esencial de las figuras y los colores que se encuentran en él. Porque, en este cuadro titulado «Luna», el triángulo amarillo corresponde a la letra «L», el semicírculo azul a la «U», el círculo y el triángulo blancos a la «N», y el círculo rojo, en francés, a la «E». De una manera divertida, la pronunciación de la palabra surge mientras el espectador admira la composición.
Así diseñado, el cuadro-palabra revela la esencia de las cosas. A través del juego con las figuras y los colores, los diversos planos se entremezclan proporcionando a la composición una dinámica que moviliza la mirada. En palabras del artista: «Al renunciar al objeto, hemos recuperado el habla y la acción creativa».