En 1901, fecha de esta obra, Matisse experimenta con el color como elemento estructural del cuadro, y ya no sujeto al dibujo.
El color, elegido arbitrariamente, hace surgir del fondo azul el famoso rostro del modelo de origen italiano, Pignatelli alias Bevilacqua. Matisse, que apreciaba sobremanera la fisonomía de este campesino de los Abruzos, le pintó en varias ocasiones entre 1900 y 1903. El retrato, descentrado hacia la derecha de la obra, presenta el rostro huesudo de una manera muy sintética gracias a las pinceladas de color que el pintor sitúa con habilidad.
Como podrá usted observar, el puente de la nariz y el dibujo del arco superciliar se sugieren con una gran pincelada naranja. A su vez, el mentón aparece esculpido por una superposición de pinceladas verdes, naranjas y malvas. Matisse utiliza la técnica del empaste, es decir, aplica capas de color más gruesas para dar relieve a la obra y materializar la boca.
Los colores cálidos utilizados para el rostro y el contorno de los ojos remiten al origen mediterráneo del modelo. Estos experimentos pictóricos vaticinan el escándalo que produjeron las obras coloreadas con atrevimiento de Matisse y sus amigos en el Salón de Otoño de 1905, considerado el acto fundacional del fauvismo.