Este estudio, realizado en la década de 1860 por el pintor Amaury-Duval mientras estuvo en el País Vasco francés, representa de manera idealizada a una joven de la región.
La invisible pincelada, la delicadeza del modelado de la carne y el atemporal perfil griego que el pintor asigna a su modelo, le inscriben en la estirpe directa de Ingres, de quien fue alumno desde 1825. Ciertamente, y al contrario de los pintores románticos como Delacroix, Amaury-Duval da preferencia en sus obras al dibujo y la línea sobre el color. En el siglo XIX, Ingres y Delacroix confrontan su estética y sus opiniones. Los críticos de la época preferían las minuciosas composiciones de Ingres y sus discípulos, y atacaron con frecuencia la estética romántica.
Paulatinamente, la tendencia se fue invirtiendo y Baudelaire empezó a defender a Delacroix. En sus críticas extraídas de los Salones de París, el poeta informa de las exposiciones anuales del Louvre. Considera que las obras de Amaury-Duval e Ingres son «de un amaneramiento pretencioso y burdo».
Gracias al impulso de Maurice Denis, mascarón de proa del movimiento Nabi a principios del siglo XX, que se refiere a Amaury-Duval como un «espíritu delicioso y tierno», las obras de Ingres y sus discípulos se vuelven a apreciar en la actualidad en su justo valor.